Para ser un equipo sumido en un mar de dudas el Nottingham Forest estaba jugando un partido muy solvente hasta que, en el minuto 70, un balón suelto llegó a los pies de Burke. El interior del Birmingham, sin nadie que lo presionase, soltó un disparo lejano desde 25 metros que voló y se coló junto al palo derecho de Lee Camp. Y con sólo eso, un disparo lejano, un gol salido de la nada, se derrumbó todo el castillo de naipes del bicampeón de Europa. Antes, como en muchos partidos esta temporada, el Forest se había adelantado y no había desarrollado mal fútbol. Ishmael Miller puso por delante a los de Nottingham con un cabezazo en el segundo palo tras un saque de esquina que peinó Derbyshire, pero sirvió de poco porque una vez empatado el partido volvió el miedo, la inseguridad y los goles en contra. Dos más, para ser exactos, marcados por el neozelandés Chris Wood. Y con esos tantos del delantero kiwi se hundió el Forest, su entrenador y prácticamente el club entero como una melé de Japón o de Fiji se derrumbaría ante la fuerza física de los all blacks.Todas las noticias que se precipitaron tras el pitido final dejan en un segundo plano lo ocurrido sobre el césped. Steve McLaren dimitió sin pedir indemnización alguna y el dueño y presidente del Forest, Nigel Doughty, también anunció su renuncia a dirigir el club, aunque de momento siga siendo su máximo accionista. Sin embargo, sería injusto que lo abultado de la derrota o toda la frustración de los aficionados empañasen lo que en realidad no fue un mal partido del Forest, que jugó bien durante 70 minutos. Pero los goles no se merecen, los goles se marcan como dice uno de los tópicos de este deporte, y el Birmingham sin duda lo demostró en City Ground.
Sorprendió la alineación inicial del Forest, con una defensa de cuatro y Moussi por delante ayudando en la destrucción. McGugan y Majewski se unieron para crear juego y surtir de balones a los delanteros. Y el polaco fue la clave del buen juego del equipo. Incluso se implicó en defensa ayudando a Moussi como no se le había visto en mucho tiempo. Parecía disfrutar con esa posición de creador más que en la media punta donde o la banda donde lo situaba Billy Davies. En la delantera Tudgay trabajó mucho y Miller siempre creó peligro. Sigue siendo el mejor fichaje del Forest este año. El Birmingham, por su parte, se atascó en el centro del campo y en la presión de Moussi. Sólo la velocidad de Burke, por la banda, puso en problemas a los laterales.
La segunda parte comenzó igual. El Forest dominando, Majewski creando y Miller rematando, pero los goles no llegaron. Quizás el momento clave del partido fue una jugada individual en la que Majewski recibió un gran pase en profundidad, se plantó solo en el área e intentó rematar a gol a pesar de que tenía poco ángulo. De haber pasado a Miller o incluso Derbyshire el segundo gol era casi seguro y la historia podría ser ahora diferente. Pero no llegó el gol, y el equipo iba perdiendo la forma poco a poco. El Birmingham avisó con contras rápidas poco a poco y Chris Hughton cambió de estrategia. Quitó a Zigic y puso a King, mientras que Wood sustituyó a Elliot. Pasó de jugar balones largos a buscar la velocidad. A la vez, McLaren sustituyó a Majewski para dar entrada a Greening. Y el equipo se hundió, irónicamente, tras la entrada del centrocampista defensivo.
McLaren con su cambió destruyó el trabajo del equipo durante una hora y su apuesta táctica de inicio que había salido bien. El resto, en realidad, lo hizo la moral y la cabeza de los jugadores. Cuando Burke marcó el empate el Forest se vino abajo completamente. Sólo se vio la veteranía de Clint Hill intentando levantar el ánimo de sus compañeros, pero ya nada fue igual. El equipo desconectó, jugó con angustia y fue artífice de su propia derrota. Y con ella llegó el desastre: Equipo sin entrenador, sin presidente y en caída libre. Se avecinan momentos duros para el Forest.
P.D.: Artículo escrito por BG (@forestlive)









